20 de Agosto de 2014
El fin para los anteojos tradicionales
Cuando parecía que ya nada podía alterar la historia convencional de las gafas y su forma de corregir las deficiencias de la vista; cuando los problemas para ver, justo en un mundo cada vez más plagado y dependiente de estímulos visuales, quedaban fuera de la agenda tecnológica, dos sorprendentes inventos que apuntan en dicha dirección aparecen en pocos días.
Por un lado, la Universidad de Oxford y el Real Instituto Nacional de Ciegos (RNIB) del Reino Unido, han creado unas gafas inteligentes que permitirán ver obstáculos y caras a personas con visión limitada. Según señala la institución, este producto podría estar a la venta en 2016. Estas gafas, resultantes de un proyecto que ha recibido una beca de Google de más de 600.000 euros, y que podrán cambiar la vida de mucha gente, se componen de una cámara de vídeo montada en el marco de las gafas, una unidad de procesamiento muy pequeña y un software que proyecta imágenes en las pantallas de los oculares de las gafas. De este modo acercan a los usuarios los objetos que encuentra a su alrededor, perfilando su entorno y las personas que le rodean.
Por otra parte, investigadores del MIT y de la Universidad de California han desarrollado una pantalla que corrige automáticamente los defectos de visión, prescindiendo por completo de lentes. Con esta técnica se pueden desarrollar pantallas de GPS para conductores con hipermetropía, o personalizar dispositivos electrónicos de lectura. La idea, tal como la exponen sus creadores, se basa en un cambio de enfoque para resolver el problema: en lugar de poner los anteojos sobre el cuerpo del usuario, los ubica en la pantalla. Si bien no resuelve los problemas oculares en todos sus aspectos, mejora sensiblemente la relación visual con el mundo digital.
El escenario global, si eso sucediera, sería extremadamente complejo: aparte de las consecuencias que cualquiera puede imaginar de inmediato (con lo difícil que se hace la vida con un simple corte de luz momentáneo), hay otras: los sistemas de aguas y alcantarillado se verían afectados, lo que crearía epidemias en las áreas urbanas, con el regreso de enfermedades desaparecidas hace siglos, según explicó Dale a la revista Physics World. Este tipo de suceso solar es, vale recordar, inevitable y, según cálculos de predicción de la NASA, cada 150 años la Tierra se vuelve vulnerable a una supertormenta solar de gran magnitud como la ocurrida en 1859 y que fue bautizada como el Suceso Carrington.

Es decir que la tormenta siguiente a aquella debería haber sucedido hace unos años... o debería suceder en los próximos años ¿Cómo reducir los efectos, entonces? Por un lado, la predicción meteorológico-espacial avanzada. Dale, por su parte, propone que el diseño de satélites y naves espaciales se desarrolle con el objetivo de hacer menos susceptibles de daño los instrumentos de a bordo y que estén mejor protegidos ante aumentos drásticos de la radiación como consecuencia de las tormentas solares.
19 de Agosto de 2014
Tormenta Solar Inminente
Hace pocos días, un grupo de científicos demostró lo cerca que estuvo la Tierra de ser golpeada por una tormenta solar de efectos devastadores en el año 2012. Si bien esa afirmación, de por sí, tiene el poder de generar terror, cabe preguntarse, en el mismo contexto de actividad solar, qué probabilidades hay de que otra tormenta de similares características golpee, en el mediano plazo, nuestro planeta. El investigador Ashley Dale, del grupo internacional SolarMAX, tiene su respuesta: “solo es cuestión de tiempo” que una tormenta solar excepcionalmente violenta golpee la Tierra y provoque el colapso total de sus sistemas de comunicación y suministro de electricidad.El escenario global, si eso sucediera, sería extremadamente complejo: aparte de las consecuencias que cualquiera puede imaginar de inmediato (con lo difícil que se hace la vida con un simple corte de luz momentáneo), hay otras: los sistemas de aguas y alcantarillado se verían afectados, lo que crearía epidemias en las áreas urbanas, con el regreso de enfermedades desaparecidas hace siglos, según explicó Dale a la revista Physics World. Este tipo de suceso solar es, vale recordar, inevitable y, según cálculos de predicción de la NASA, cada 150 años la Tierra se vuelve vulnerable a una supertormenta solar de gran magnitud como la ocurrida en 1859 y que fue bautizada como el Suceso Carrington.
Es decir que la tormenta siguiente a aquella debería haber sucedido hace unos años... o debería suceder en los próximos años ¿Cómo reducir los efectos, entonces? Por un lado, la predicción meteorológico-espacial avanzada. Dale, por su parte, propone que el diseño de satélites y naves espaciales se desarrolle con el objetivo de hacer menos susceptibles de daño los instrumentos de a bordo y que estén mejor protegidos ante aumentos drásticos de la radiación como consecuencia de las tormentas solares.

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